Reseña de Byzanz

Hoy os traemos otro juego de Mont Tàber que, sin ser nuevo, fue editado hace poco. Se trata de Byzanz, la tercera entrega de su colección de juegos en caja pequeña.

Se trata de un diseño de Emanuele Ornella (Martinique, Assyria) que cuenta con ilustraciones de la conocida Doris Matthäus (El Grande, Carcassonne). Es un juego de 3 a 6 jugadores, con una duración aproximada de 45 minutos y una edad mínima recomendada de tan solo 8 años.


¿DE QUÉ VA?

El mercado medieval de Bizancio es un lugar bullicioso y la actividad no cesa hasta que todas las mercancías han sido vendidas al mejor postor. Como comerciante, deberás saber comprar al mejor precio sin olvidarte de venderlo a un valor superior, aprovechándote del mejor margen posible para maximizar los beneficios. ¿Tendrás la pericia suficiente?

Byzanz nos presenta un juego de subastas en el que las mismas cartas serán usadas para comprar nuevas mercancías para luego ser vendidas y obtener así puntos de victoria. Con un interesante sistema de mercado central, al que irán a parar los pagos de cada subasta y del que los jugadores obtendrán cartas en orden inverso al de las propias subastas, nos presenta un sencillo pero curioso juego en el que la gestión de la mano tiene una especial relevancia.


¿QUÉ LLEVA EN LA CAJA?

La pequeña caja, tercera de la nueva colección de Mont Tàber, incluye lo siguiente:

  • 96 cartas de mercancías, de seis tipos de mercancías diferentes.
  • 16 cartas de mercaderes.
  • 6 cartas de subastas, numeradas del 1 al 6.
  • Un tablero de mercado de Bizancio.

Dentro de la caja encontramos el reglamento en español y en catalán. Más allá de las cartas, de una calidad más que aceptable, encontramos un tablero de un grueso cartón que, sin ser estrictamente necesario, sí que luce bien en mesa.


¿CÓMO SE JUEGA?

Para empezar una partida deberemos eliminar unas cuantas cartas del mazo dependiendo del número de jugadores y repartir cuatro a cada jugador. De esta manera, según el reglamento, la partida tendrá una cantidad de rondas determinadas, tras las cuales el mazo se agotará. No hay marcador de ronda, pero el desgaste del mazo nos sirve como marcador de progresión.

En cada ronda deberemos tomar las cartas de subasta y ordenarlas de forma descendente, de modo que la de mayor valor sea la primera en ser jugada. Estas cartas indican cuantas mercancías serán reveladas en cada turno de la ronda, por lo que cada subasta tendrá menos mercancías que la anterior.

Estas cartas de subasta deben escogerse según el número de jugadores y deben ser ordenadas de mayor a menor valor en un mazo boca arriba.

En cada una de las rondas usaremos todas las cartas de subasta, ya que habrá una carta por jugador que participe en la partida. En Byzanz cada jugador solo podrá ganar una subasta, retirándose del juego hasta el final de la ronda cuando ya haya obtenido los beneficios que os contaremos a continuación. De esta manera, el último jugador en juego obtendrá las mercancías del último turno sin tener que pagar absolutamente nada, pero bajo el riesgo de que no haya nada interesante en esa subasta.

Para poder pujar de forma adecuada debemos conocer como funcionan las cartas en Byzanz, las cuales representan mercancías:

En el juego encontramos seis mercancías distintas, representadas en los distintos colores. Las cartas tienen un valor del 1 al 4, aunque éstas últimas son menos numerosas que las de valores inferiores.

Las cartas de mercancía en este juego serán a la vez nuestra moneda de cambio y nuestro modo de sumar puntos para el final de la partida. Así, con las cuatro cartas recibidas al principio de la partida deberemos intentar pujar en las subastas para obtener nuevas cartas que podamos vender a cambio de puntos de victoria.

En cada uno de los turnos deberemos levantar del mazo tantas cartas como indique la carta de subasta y los jugadores empezarán a pujar en sentido horario. Cada jugador podrá pujar, bajando cualquier número de cartas de su mano, o pasar. El valor de la puja será la suma del valor de las cartas bajadas, independientemente de la mercancía que muestren. Los jugadores irán pujando hasta que todos menos uno hayan pasado.

El ganador de la subasta debe colocar todas las cartas de su puja en el mercado de Bizancio. El resto de jugadores recupera las cartas pujadas, dado que finalmente no han tenido que pagarlas.

Todas las cartas que vayan a parar al mercado de Bizancio deben colocarse bajo la mercancía correspondiente, como vemos en el detalle.

De las cartas que hubiera en el centro de la mesa, el jugador que haya ganado la puja ganará todas menos una, que también irá a parar al mercado de Bizancio. Este jugador toma la carta de subasta y la deja delante de su zona de juego, para marcar que ya ha ganado una subasta, y por lo tanto no jugará más en esta ronda, y para determinar el orden en la siguiente fase del juego.

Cuando todos los jugadores hayan ganado una subasta, y las cartas de subasta se hayan acabado, cada jugador tendrá nuevas cartas en su mano y una carta de subasta de distinto valor frente a sí. Es momento de pasar a la fase del mercado de Bizancio. En esta fase, en sentido ascendente respecto a las cartas de subasta, los jugadores deben robar todas las cartas de un mismo tipo de mercancía que hayan sido previamente colocadas en el mercado. Es decir, el jugador que ganó la última subasta, la de menor valor, será el primero en robar del mercado. Podría, por ejemplo, siguiendo la foto de más arriba, llevarse las dos cartas de tela o una sola carta de especias.

Evidentemente, es importante conocer como se puntúa en este juego para poder pujar de la mejor manera posible. En Byzanz los jugadores pueden, en cualquier momento, vender cartas de su mano para pasar a obtener puntos. Dado que el límite de mano es de siete cartas, el juego forzará a los jugadores a deshacerse de cartas de forma recurrente. Las cartas se puntúan de esta manera:

Para vender cartas necesitamos agrupar tres de un mismo tipo de mercancía. De las tres cartas de un tipo vendidas, el jugador deberá guardar la de mayor valor y descartar las dos restantes. Los mercaderes, como el que vemos a la derecha, sirven de comodines. Éstos pueden usarse en combinación a cartas de cualquier tipo, pero también podremos agruparlos en tríos otorgando un valor de 5, como vemos impreso en la mitad superior de la carta. De esta manera, siguiendo el ejemplo, el jugador guardaría su carta de valor 3 y descartaría las otras dos. Ahora tiene tres puntos de victoria, pero tendrá menos capital para la siguiente subasta.

Los jugadores irán pujando y vendiendo hasta que el mazo se consuma, el cual determinará el final de la partida. Cuando ésta acabe, vende todo lo que puedas y suma las cartas que hayas obtenido tras la venta. El jugador con más puntos de victoria será el ganador.


¿CÓMO QUEDA EN LA MESA?

Más allá del mercado, en el que iremos colocando cartas bajo cada tipo de recurso, los jugadores solo necesitan un espacio sobre el que ir revelando en cada turno tantas cartas como indique la carta de subasta. Como zona personal, solo requiere un espacio sobre el que apilar las cartas vendidas y otro donde bajar la carta que usemos en la subasta actual.

Partida a cuatro jugadores, por lo que se revelarán cinco cartas para la primera subasta.


¿QUÉ NOS PARECE?

Byzanz es un juego de subastas que sorprende por su tensa gestión de mano entre lo que vendes, lo que recibes y cuándo quieres llevarte las mercancías.

Solo necesitábamos saber que se trataba de un juego de subastas para querer probar este juego en caja pequeña. Ya habíamos hablado de lo difícil que es aportar algo, aunque sea mínimamente nuevo en esta mecánica tan utilizada a lo largo de la historia. En Byzanz nos proponen un sistema de cartas que tiene varios usos y una gestión de mano que nos obliga a decidir si queremos tener más cartas o esperar a ver si aparecen mejores mercancías. Valorar el riesgo es algo que tiene especial relevancia en este juego.

Es quizás lo más remarcable del juego ese doble uso de las cartas y el dilema que genera tener que comprar con las cartas que desearías vender para, al fin y al cabo, generar puntos. Ese dilema no solo afecta a la hora de qué cartas bajar durante la subasta, ya sea en valor o recurso, algo que aunque en esa fase no tenga importancia, sí la tendrá cuando deseemos venderlos, sino que también interfiere a la hora de vender las mercancías de nuestra mano. No es raro que, durante la primera partida, alguien se ponga a vender todo lo que tiene y vea como, durante las subastas, no tiene cartas suficientes, o ninguna, en su mano. Es algo que se aprende rápido y ves como, ante el hecho de poder vender en todo momento, es mejor esperar y jugar con una mayor mano de cartas.

El arte de Doris Matthäus es peculiar pero con un sabor clásico que nos gusta. Pese a todo, el mercader nos mira raro…

Aunque sea un juego de subastas, hay que tener en cuenta que a veces el mayor beneficio puede ser no participar en las mismas y ser el primero en robar del mercado de Bizancio. Este pequeño giro, que obliga a los jugadores a colocar su pago en este mercado del cual robaremos en orden inverso al de las subastas que acaben de acontecer, hace que pueda interesarnos mucho ser los últimos en obtener mercancías mediante la subasta y poder elegir, sobre seguro y sin interferencia del azar, qué mercancía tomamos del mercado.

El juego es disfrutable en todo su rango de jugadores. Sin haberlo probado en su número más alto, sí que hemos podido divertirnos a tres, cuatro y cinco, sin problema alguno durante la partida. Los ajustes que realizaremos antes de empezar la partida hacen que todas las cartas sean utilizadas, con un pequeño porcentaje de cartas que retiraremos del mazo.

En resumen, el tercero según su lomo de la nueva colección de Mont Tàber nos ofrece un juego que se aleja de las mecánicas de bazas y se adentra en las subastas. Sin una mecánica rompedora, sí que encontramos que es un juego de fácil introducción y que nos propone una gestión de mano más que interesante, permitiendo que los jugadores deban saber si prefieren gran cantidad o calidad en las cartas que reciben, así como la prisa que tengan por obtenerlas, lo cual será indirectamente proporcional a la toma de cartas del mercado. Un juego rápido y que funciona a cualquier número de jugadores que luce bien al lado de Dr. Jekyll y Mr. Hyde y El Diablo de la Botella (aquí su reseña).


PUNTOS POSITIVOS

  • Un juego sencillo de explicar: haciendo que su reglamento pueda ser leído y explicado en pocos minutos, es un juego que no abrumará a nuevos jugadores, como sí podría pasar con Modern Art (aquí su reseña), pero que pronto demuestra que la toma de decisiones puede suponer un reto.
  • Gestión de mano interesante: debiendo tener en cuenta cuánto pagamos por cada subasta y con qué mercancías, algo que solo podría pasar gracias al uso de las cartas como moneda de cambio a la par que como elementos de venta.
  • Subastas que menguan: haciendo que debamos decidir constantemente si queremos más cartas o esperar a mejores cartas, aunque en menor número. En esa decisión también entra en juego el mercado de Bizancio, del cual robaremos en orden inverso.

PUNTOS NEGATIVOS

  • Sin el tablero podría haber sido aún más pequeño: se trata de un juego que, de ser más portable, podría caber en cualquier bolsillo de abrigo. Al ser un juego basado exclusivamente en cartas, y aunque entendemos lo de mantener el formato con los dos juegos anteriores, estamos seguros que si fuera más pequeño saldría en más reuniones familiares de esas en las que no sabes si vas a poder jugar pero te gustaría.

Este juego ha sido cedido por Mont Tàber para poder redactar la reseña así como tomar las fotos. Gracias por el detalle.

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