Reseña de Modern Art

Ya tocaba tener el tiempo que este Knizia merecía. Se trata de la edición coreana de Modern Art que Dicetree Games ha producido sin recortes ni pudores.

Se trata de un juego diseñado por nuestro doctor favorito, Reiner Knizia (Medici (aquí su reseña), Winner’s Circle (aquí su reseña)) y cuenta con ilustraciones originales de grandes obras de arte. Es un juego que puede ser jugado de 3 a 5 jugadores, con una duración aproximada de 45 minutos y una edad mínima de 10 años.


¿DE QUÉ VA?

En Modern Art controlamos a los gestores de museos de arte de todo el mundo que pretenden adquirir los mejores cuadros para sus exposiciones aunque, a su vez, deberán poner a la venta otras obras que le reporten unos ingresos con los que comprar esas pinturas que crean que van a ser más influyentes esta temporada. ¡Echa un ojo a las tendencias y ajusta bien los precios, tanto de venta como de compra! ¿Alguien da más?

En cuanto a mecánicas, Modern Art se trata de un juego que aúna varios tipos de subastas para proponernos un juego plenamente económico en el que no solo deberemos adquirir buenas piezas que nos proporcionen ingresos al final de la ronda, sino que las ventas pueden ser igual o más suculentas que las compras. Gestiona tu mano y controla el final de cada ronda para que tus cuadros sean los más valorados del momento y así conseguir capital para la siguiente.


¿QUÉ LLEVA EN LA CAJA?

La caja en formato de libro contiene:

  • Un tablero de mercado a doble cara, con artistas occidentales y orientales.
  • 94 monedas metálicas con distintos acabados y con las caras de los distintos artistas que aparecen en el juego, incluido Knizia.
  • Una bolsa de tela con el título bordado para guardar las monedas.
  • 12 marcadores de valor de mercado.
  • Cinco pantallas de jugador para cada uno de los posibles jugadores.
  • 70 cartas de artistas occidentales.
  • 70 cartas de artistas exclusivamente coreanos.
  • Un caballete para exponer las obras en venta.
  • Un martillo de subastador de madera.

Aunque nos encontramos ante una edición coreana, el juego no depende de idioma y cuenta con un reglamento online en inglés. Las ayudas de juego vienen en múltiples idiomas, incluido el español, por lo que puede encajar perfectamente en la mayoría de ludotecas.

El doctor acuñado en las monedas de 100.


¿CÓMO SE JUEGA?

Modern Art se desarrolla en cuatro rondas en las que los jugadores intentarán comprar los mejores cuadros intentando deducir qué artistas tendrán más influencia para saber su valor al final de cada ronda. A través de varios tipos de subasta, los jugadores hacen de compradores y de subastadores, en una constante interacción.

Para empezar la partida, cada jugador recibe una pantalla de jugador, tras la que colocará 100 monedas como capital inicial. Su mano se compondrá de varias cartas que varían respecto al número de jugadores.

En una partida a cuatro, cada jugador comienza con nueve cartas y obtendrá cuatro nuevas tras las primeras dos rondas.

Las cartas contienen obras de cinco grandes artistas: Manet, Cézanne, Van Gogh, Munch y Klimt. Cada artista está relacionado con un color, como vemos en el tablero de mercado y en la esquina de cada una de las cartas.

Cada carta contiene un icono en su esquina superior izquierda que muestra el tipo de subasta, entre las cinco posibles, así como el color que representa al pintor del cuadro.

Empezando por un jugador al azar, en cada turno, los jugadores deberán elegir una de las cartas de su mano para ponerla a la venta. De este modo, lo que tenemos en la mano no es de nuestra propiedad sino que deberemos comprarlo para poder colocarlo delante de nuestra pantalla de jugador, que simboliza nuestra exposición actual en el museo.

Hay cinco tipos de subasta que se corresponden con los cinco iconos de la foto superior:

  1. SUBASTA ABIERTA: al más puro estilo eBay o como en cualquier película que te venga a la cabeza, el jugador que baje la carta cogerá el martillo de subastador y empezará a preguntar «¿quién da más?». El jugador activo también participa en la subasta. Si a la de tres, nadie aumenta la puja actual, el ganador deberá pagar el precio marcado al jugador activo. Si el jugador activo es el ganador, deberá pagar el precio a la banca.
  2. SUBASTA DE UNA RONDA: empezando por el jugador a la izquierda del activo, cada participante tiene una única oportunidad de decir un precio que supere al anterior o pasar. El jugador activo será el último, por lo que siempre podrá llevarse la obra si supera el precio estipulado por el último jugador. Si nadie puja, el jugador activo se quedará con la obra de forma gratuita.
  3. SUBASTA DE PRECIO CERRADO: empezando por el jugador a la izquierda del activo, cada jugador podrá aceptar o pasar del precio que el subastador haya estipulado. Aquí el precio marcado no varía durante la ronda y, si todos los jugadores pasan por ser un precio poco atractivo o abusivo, el jugador activo deberá, obligatoriamente, pagarlo a la banca y quedarse con el cuadro.
  4. SUBASTA DE PUÑO CERRADO: en esta subasta cada jugador extiende el puño con un valor cualquiera, incluso sin moneda alguna. Todos los jugadores abren su puño al unísono y el ganador será el máximo pujador o, en caso de empate, el más cercano al jugador activo.
  5. DOBLE SUBASTA: esta es la subasta que le ofrece una mayor estrategia al juego. Con un sencillo [+1] en la esquina superior izquierda, el jugador activo deberá, obligatoriamente, bajar una segunda obra de arte del mismo autor. Si no tuviera una segunda obra, la segunda la aportará el siguiente jugador en sentido horario, que pasaría a ser el subastador del conjunto de los dos cuadros. Este dúo de pinturas se subastará según el tipo de obra de arte que se baje en segundo lugar, que nunca podrá contener otra obra de doble subasta. Como veremos más adelante, este tipo de subasta puede ser una forma de cerrar la ronda actual muy interesante.

En cualquiera de estos casos, la siguiente subasta será iniciada por el jugador a la izquierda del jugador activo actual, independientemente del ganador de la subasta anterior. Hay que tener en cuenta que si algún jugador que no sea el subastador adquiere la obra, el pago será realizado al jugador activo, mientras que el jugador activo siempre le paga a la banca. De esta manera, ser un buen vendedor o un oportunista puede ser muy lucrativo…

El juego prosigue hasta que el quinto cuadro de algún artista salga a subasta. En ese momento, este último lienzo no será subastado, pero contará para la popularidad de las obras, que deberemos determinar.

Así, por ejemplo, si hubiera tres cuadros de Cézanne sobre la mesa, si el jugador activo saca un cuadro de subasta doble y otro cualquiera, al sumar cinco de un mismo pintor, la ronda vería su fin inmediatamente. ¡Imagina qué tensión desde el tercer cuadro de cualquier artista! Pese a esto, invertir dos cartas para ello nos hará cojear y estar con menos cartas en la mano, así que deberemos pensárnoslo dos veces.

En este momento deberemos determinar los tres autores más populares de esta ronda. Para ello, contaremos la cantidad de cuadros de cada autor expuestos en los museos de todos los jugadores. Es decir, todos los cuadros que han sido vendidos durante esta ronda. Los tres pintores más populares recibirán un valor de 30, 20 y 10 en ese orden, que colocaremos en la fila correspondiente a la ronda actual en el tablero de mercado:

El pintor que más cuadros haya vendido recibirá un 30, mientras que el cuarto más famoso no recibe loseta alguna y sus cuadros no serán puntuados. En caso de empate, algo frecuente, el autor colocado más a la izquierda en el tablero será el vencedor. Knizia ha incluido alguna obra más de Klimt que de Manet para compensar este modo de desempatar.

Los jugadores cobran al final de la ronda dependiendo del mercado de valores. Por cada cuadro de un pintor que contenga un 10, 20 o 30, obtienen esa cantidad de monedas por cada cuadro expuesto en su museo. Como puedes imaginar, haber comprado cuadros de un pintor poco influyente en la ronda no te otorgará ni una moneda de beneficio, por lo que deberás compensarlo haciendo ventas de obras y cobrar los beneficios de las mismas.

Tras el cobro, los jugadores descartan todos los cuadros de los museos, manteniendo las cartas de su mano y, en todas las rondas menos la última, se repartirán nuevas cartas que ampliarán su mano.

En rondas posteriores los cobros de los artistas se vuelven más suculentos dado que, siempre que obtengan uno de los tres primeros puestos de influencia, no solo ganarán lo indicado en la loseta, sino también la suma de las losetas de rondas previas.

Cézanne obtuvo el puesto del más influyente en la primera ronda, otorgando 30 monedas al poseedor de cada uno de sus cuadros. Aunque en la segunda ronda no obtuviera influencia suficiente, impidiéndole puntuar de ninguna manera, en esta tercera ronda cada cuadro suyo estará valorado en 40 monedas, la suma de todas las losetas de su columna. ¡Ni tan mal!

Al final de la cuarta ronda la partida finaliza y se contará el dinero de cada jugador. El jugador con más monedas será el ganador, habiendo no solo gestionado bien su museo sino vendiendo de forma adecuada y acertada sus obras de arte.


¿CÓMO QUEDA EN LA MESA?

La producción de este Modern Art merece un espacio amplio para disfrutar de tal despliegue. Necesitamos espacio para las pantallas que tendrán dinero detrás y cuadros delante. El caballete y el martillo de subastador son complementos que, además de vistosos, requieren su espacio, por lo que no escatimes en mesa.

Partida para cuatro jugadores lista para dar comienzo. ¡A por el Grito de Munch!


¿QUÉ NOS PARECE?

Modern Art es el juego de subastas que, además, en esta edición cuenta con una producción que atrae hasta al menos adepto a este tipo de juegos.

Ya hace más de un cuarto de siglo del lanzamiento de Modern Art por parte de Reiner Knizia. Con el paso de los años y los contratos editoriales que han ido expirando, encontramos que el doctor ha vuelto a ofrecer estos juegos a distintas editoriales, como también ha pasado con el maravilloso High Society o el Dream Factory que Ludonova ha relanzado como Hollywood Golden Age. Gracias a esto, encontramos una maravillosa oportunidad de saborear clásicos juegos con un lavado de cara.

Si algo destaca en Modern Art es que se trata de un juego que agrupa varios tipos de subasta en un mismo juego. Aquí encontramos subastas a precio fijo, subastas a puño cerrado, a una ronda o las clásicas y animadas subastas a mano alzada, uno de los mayores puntazos de este juego si se acompaña de la maza en alto gritando «35 a la una, a las dos…» y las miradas desafiantes pertinentes. Si esta variedad de tipos de subastas viene acompañada de un repertorio de obras de arte tan maravilloso, el resultado es un juego con un delicioso tema y unas mecánicas variadas.

Los ingredientes ya vemos que han estado bien elegidos, pero la experiencia debe ser buena para que todo quede en armonía cuando estamos jugando. En Modern Art encontramos cuatro rondas, un número que se antoja perfecto para lo que nos ofrece. Por una parte, una duración menor perdería la oportunidad de dejar interrumpido el valor de algún pintor en alguna ronda, y una mayor podría hacer que el juego se alargara de forma innecesaria. Aquí encontramos un juego que, en unos cuarenta minutos, puede ver a su fin y que nos transmite una progresión durante cada ronda, un proceso subyacente encarado a preparar, hasta cierto punto, una mano de cuadros para la última ronda. El hecho de que solo unos pocos cuadros queden fuera de la partida, hace que los jugadores puedan plantearse qué obras desean quedarse o sacar a la venta y, sobre todo, en qué momento hacerlo. Y es que la oportunidad es esencial en Modern Art, ya que un autor concreto en el momento en que dos pintores empatan para las mayorías del final de la ronda puede ser una fuente de monedas incluso mayor que una buena compra. El hecho de poder jugar a caballo entre la compra y la venta de obras de arte le dan una capa más de profundidad que se empieza a notar en las primeras partidas.

Por si esa gestión de mano no fuera suficiente, el hecho de que la quinta obra de un autor finalice la ronda es algo que nos permite un control bastante fino del final de las mismas. No es que cuando haya cuatro podamos invertir un cuadro para acabar con la ronda, sino que incluso con las subastas de +1 podemos combinar dos cuadros y cerrarla incluso antes. Sin duda, esto hace que la tensión empiece mucho antes y debas fijarte en quién va a elegir la siguiente obra a la venta y qué cuadros tiene en su museo actualmente, para valorar si crees que querrá seguir jugando o cerrar la ronda.

No hacía falta tanto componente pero, para quien lo quiera, siempre es agradable encontrar una edición tan impecable para un juego que, lejos de ser una novedad hypeada, es un clásico sólido y consagrado. De esta manera es muy difícil equivocarte con este juego, siempre que te gusten las subastas, algo que parece el único requisito indispensable. Lo único que podemos reprocharle a la edición es la trasera de la pantalla de jugador en la que podían haber ayudado con referencias en inglés, en lugar de coreano, y con una tabla de referencia para el robo de cartas de cada ronda, para no tener que recurrir al reglamento.

La selección de las obras es algo que, por encima de la edición de CMON o OINK, hemos gozado de sobremanera. Es algo que puede incluso distraerte o sesgarte a la hora de comprar. Por ejemplo, en la primera partida, es imposible no venirte arriba con «El Beso» de Klimt o «El Grito» de Munch. Cuando juegas de forma más racional pierdes esa ceguera pasional pero, sin duda, hemos seguido prefiriendo ver a Manet o Van Gogh que obras menos conocidas incluidas en otras versiones. Como curiosidad que denota un amor por su arte local, el juego incluye un mazo de obras koreanas que, desconocidas para nosotros, también nos han sorprendido por su elegancia y belleza.

Aunque desconocidos para nosotros, el reverso y el mazo adicional incluye otras grandes obras de una cultura menos cercana pero igual de impresionante.

Sin duda alguna, es un juego que ha envejecido como cabría esperar. Un buen juego debe aguantar bien el paso de los años y pese a que desde 1992 haya llovido mucho, este Modern Art sigue siendo un referente en los juegos de subasta que ofrece todo lo que os acabamos de contar sin complicarse en las reglas y sin alargar demasiado la partida.

En resumen, un clásico juego que la editorial coreana Dicetree Games ha sabido producir de un modo exquisito para aquellos que, además de un buen juego, quieran unos componentes de vértigo. Aunque no somos los más aficionados a las sobreproducciones, es agradable saber que si no quieres un mazo, tenemos otras ediciones como la de CMON o la de OINK Games. Si lo que buscas es una experiencia única, con mazazos y moneditas tintineantes en cada subasta, esta es tu edición. Un juego que se disfruta desde la primera partida pero que nos deja una curva de aprendizaje notable en la gestión de la mano y el valor de las cosas que, a diferencia de otros juegos más ligeros como High Society, si pueden estimarse en este título.


PUNTOS POSITIVOS

  • Una producción de lujo: contando con unos componentes tan vistosos como innecesarios, haciendo que este juego se defina como una edición para verdaderos amantes del juego. Pese a la sobreproducción, es un juego con un PVP de unos 60€ actualmente, aunque se encuentre fuera de stock, y que se podía adquirir en Essen por menos que eso.
  • Dos mazos de obras de arte: contando con el mazo occidental de artistas tan memorables como Cézanne, Van Gogh o Klimt, mientras que también dispone de otro mazo alternativo con obras del país de la editorial.
  • Sencillo de entrada, pero con profundidad: contando con unas reglas fáciles de interiorizar pero una gestión tanto de las obras en la mano como del valor de las transacciones que permite mejorar con la experiencia.

PUNTOS NEGATIVOS

  • La falta de referencias rápidas: faltándonos una tabla del robo de cartas en cada ronda que solo encontramos en el reglamento completo.

Este juego ha sido cedido por Dicetree Games para poder redactar la reseña así como tomar las fotos. Gracias por el detalle.

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