Reseña de Manhattan

Hoy os hablamos de una reciente reedición de un juego con 25 años a su espalda. Se trata de Manhattan, el Spiel des Jahres de 1994.

Las mecánicas del juego vienen firmadas por Andreas Seyfarth (Puerto Rico, Thurn and Taxis) contando con los colores de Jacqui Davis en su reedición, (Viticulture, Euphoria (aquí su reseña)). Se trata de un diseño de 2 a 4 jugadores, siendo especialmente disfrutable a su número máximo. Su duración es de unos 45 minutos y la edad mínima recomendada es de 10 años.


¿DE QUÉ VA?

Cuando una ciudad empieza a crecer también deben hacerlo sus edificios, y eso es lo que pasó en Manhattan. Con su exponencial crecimiento los edificios no tenían más remedio que crecer a lo alto, para dar cabida a toda la vida y la actividad que se desarrollaba en Nueva York. Como buen arquitecto, no solo quieres participar en las edificaciones, sino que buscas ser el profesional más valorado y más visible en cada edificio. Intenta participar en la torre más alta y, sobre todo, sé el que cree los pisos más altos de cada edificio para ganarte la fama que te mereces.

En Manhattan tenemos un juego de gestión de cartas y control de áreas muy basado en la verticalidad. Los jugadores usan sus cartas, desde perspectivas distintas basadas en su posición alrededor de la mesa, para alzar edificios y competir con sus rivales.


¿QUÉ LLEVA EN LA CAJA?

El contenido de la colorida caja es:

  • Un tablero de juego.
  • 45 cartas de licencia de obra.
  • 4 tableros de jugador.
  • 96 edificios, 24 por jugador, en cuatro tamaños distintos.
  • 10 cartas de Leyes Urbanísticas, una variante nueva para el juego.
  • Un marcador de jugador inicial en color negro.

Todo ello viene en un agradable inserto que, pese a contener todo en su sitio, no da la sensación de aprovechar el espacio demasiado bien ni tener los huecos que se esperan para componentes como el marcador de jugador inicial o las Leyes Urbanísticas.


¿CÓMO SE JUEGA?

Manhattan se divide en cuatro o seis rondas, dependiendo del número de jugadores, durante las cuales intentaremos generar puntos mediante la edificación de rascacielos.

SELECCIONAR BLOQUES DE PLANTAS

Antes de cada una de las rondas, los jugadores deben colocar de cuatro a ocho de sus piezas de edificio sobre su tablero de juego. Estas son las piezas que deberán usar durante la ronda, por lo que es un momento de planificación que se llevará a cabo en sentido del orden de juego.

Tenemos un buen puñado de piezas de edificios, las cuales se dividen en cuatro tamaños distintos. En las partidas a tres o cuatro jugadores, estas piezas se consumirán por completo durante el desarrollo de las rondas, así que deberías tener en cuenta ese detalle para saber en cuál de las rondas ir colocando los distintos tamaños de plantas de edificios.

Esta importante decisión solo la podremos tomar cuando sepamos como se edifica en este juego, algo que os contamos en el siguiente punto.

JUGAR UNA CARTA, EDIFICAR Y ROBAR

Tras haber seleccionado los bloques que queremos jugar esta ronda, ya podemos pasar a la fase de jugar cartas. Esta fase se llevará a cabo tantas veces como piezas hayamos colocado en nuestro tablero de jugador. Es decir, se llevarán a cabo tantas rondas como bloques de edificio, puesto que deberemos agotar todas las piezas que hayamos escogido.

Cada jugador tiene cuatro cartas al inicio de la ronda. En sentido del orden de juego, los jugadores elegirán una carta de su mano, que indica en que casilla deben construir uno de los bloques de su tablero de jugador.

Encontramos nueve cartas distintas, mostrando las nueve posiciones que hay en las seis manzanas sobre las que edificamos. La carta elegida depende de nuestra posición respecto al tablero, por lo que la misma carta, usada por el rival que se siente enfrente de ti, ya no tendrá el mismo efecto. Aunque la carta indique en qué posición debemos construir el bloque, tenemos libertad para colocarlo en cualquiera de las seis manzanas de Manhattan.

Una vez elegido el lugar, deberemos colocar allí una pieza de edificio siguiendo una sencilla regla de construcción: el tamaño del bloque que vayamos a colocar debe ser igual o superior al de las piezas que ya estén edificadas. Es decir, si encontramos varias piezas apiladas de nivel 1, podemos colocar otra de ese mismo nivel o una de cualquier nivel superior. Si colocamos una ficha más alta, forzaremos al resto de jugadores a tener que colocar una de ese tipo o aún mayor, siempre que quieran seguir aumentando la altura de este rascacielos. ¡Que bonito es bloquear a los rivales!

Antes de acabar el turno deberás robar una carta para volver a reponer tu mano de cuatro cartas.

RECUENTO DE PUNTOS

Cuando los jugadores hayan usado todas las piezas de su tablero de jugador, nos tocará puntuar la ronda y prepararnos para la siguiente.

El propio tablero nos recuerda qué debemos puntuar al final de la ronda.

Llegados a este momento, debemos saber que el jugador que tenga la pieza más superior de cada edificio se considera el propietario del mismo. Ser el propietario de los distintos rascacielos es lo que nos otorga puntos de la siguiente manera:

  • El edificio más alto de todo el tablero ofrece 3 puntos de victoria.
  • Ser propietario de la mayoría de los edificios de una manzana nos otorga 2 puntos por cada manzana.
  • Finalmente, ganaremos un punto adicional por cada edificio propio en todo Manhattan.

Para la siguiente ronda, deberemos pasar el marcador de jugador inicial a la izquierda y empezar de nuevo con la fase de seleccionar bloques de plantas. El jugador con más puntos al finalizar todas las rondas será el vencedor.

En cuanto a la variante de Leyes Urbanísticas, un modo que describen como avanzado, las normas que se añaden son pocas y muy interesantes. En nuestra opinión, no complica el juego, por lo que más que avanzado es un modo alternativo que añade táctica y rejugabilidad al diseño.

Para jugar a este modo alternativo, novedad de esta reedición del juego, solamente deberemos barajar el mazo de 10 cartas de Leyes Urbanísticas y levantar una por ronda. Estas cartas ofrecen puntos por distintas condiciones, haciendo que, además de las tres propias del juego básico, haya una forma más de ganar puntos. ¡Estate atento!

Al no usarse todo el mazo de Leyes Urbanísticas, ofrece una interesante rejugabilidad a este Manhattan a cambio de unos requisitos que obligarán a los jugadores a ser flexibles.


¿CÓMO QUEDA EN LA MESA?

Gracias a la reedición de este clásico, encontramos un juego mucho más vistoso y acorde a lo que se espera en los tiempos que corren. El tablero tiene espacios amplios para colocar los edificios, que crecerán más de lo que te imaginas. Fuera del tablero necesitamos espacio para colocar las piezas que no hayamos jugado todavía y colocarlas en nuestra hoja de jugador.

Partida a cuatro jugadores que, claramente, es su mejor número.


¿QUÉ NOS PARECE?

Manhattan es uno de esos juegos que teníamos pendientes y que, por suerte, ha aguantado de forma estoica el paso de los años.

En este caso no hablamos de ninguna novedad, sino que nos centramos en un juego de 1994, año en el que ganó el Spiel des Jahres. El diseño, del mismo autor que nuestro querido Puerto Rico, tenía poco que ver con su anterior creación, algo que hace que el título nos llamara especialmente. Gracias a la reedición de Act in Games que Mercurio distribuye en nuestro país, no solo volvemos a disponer en tiendas de este gran juego, sino que además lo vemos lucir de un modo colorido y más acorde a los cánones actuales.

Ya ha llovido desde su lanzamiento, y es que el juego tiene una pega que ha hecho que se demore en la wishlist durante mucho tiempo. Y es que Manhattan es, en esencia, un juego específico para cuatro jugadores. Eso no era nada extraño hace dos décadas, pero es algo que a día de hoy no solemos ver, mostrándose cierto empeño en que los diseños funcionen a cualquier número de jugadores. Por desgracia, el hecho de que Manhattan use cada lado del tablero, dando cuatro perspectivas de la misma zona de juego, hace que sea mucho más interesante cuando tenemos a cuatro jugadores alrededor de la mesa. De la misma manera, hace que el juego sea disfrutable a tres pero que se desinfle mucho en pareja.

El uso de las cartas desde cuatro perspectivas distintas hace que las nueve cartas ofrezcan distintas opciones a cada uno de los cuatro jugadores.

Mecánicamente también hay razones para querer disfrutarlo muy acompañado, y es que es un juego de mayorías, de modo que contra más rivales haya en la mesa, más interacción se genera, algo primario en este tipo de mecánicas.

Si nos centramos en su mecánica de control de áreas es donde más brilla este juego. Tenemos un ejemplo de una mecánica sin demasiados complementos. Encontramos un ejemplo perfecto de juego para introducir a jugadores a este estilo de juegos. Dos de los tres modos de puntuar están en plena relación con nuestros rivales, haciéndolo aplastantemente interactivo.

Las cartas de puntuaciones de ronda le dan la frescura que este tipo de juegos necesita. Es un juego fácil de explicar, sencillo de desarrollar, por lo que esa variabilidad hace que el juego sea más rejugable y, además, tenga un componente táctico que obliga a los jugadores a amoldarse a los requisitos de la nueva ronda.

La producción del juego es notable. Los fragmentos de edificio en plástico transparente lucen bien sin complicar demasiado la comparativa de tamaños a simple vista. No hemos necesitado pararnos a contar ventanas, haciendo que con un vistazo sepamos qué tamaño de pieza es la última colocada sin problema. Si fueran opacas se verían mejor, pero a nivel visual se ha encontrado un equilibrio que no entorpece la funcionalidad.

En resumen, Manhattan es una reedición muy acertada de un juego que ya tocaba tener disponible en castellano. No solo se le ha lavado la cara al clásico de Seyfarth, sino que con solo diez cartas se ha añadido una variante avanzada que nos ofrece una nueva puntuación por ronda, ofreciendo rejugabilidad y exigiendo cierta flexibilidad. Es un juego que deberíamos tener en la cabeza cuando pensamos en mayorías y estemos seguros de que seremos cuatro jugadores. La mayor pega es su mala escalabilidad, pero por el resto sigue dejando claro que es un diseño que ha aguantado muy bien durante 25 añazos, que se dice pronto.


PUNTOS POSITIVOS

  • Un clásico que vuelve a las estanterías: ya han pasado 25 años y es uno de esos juegos que se echaba de menos y que, además, ha aguantado el paso de los años, siendo un juego tan disfrutable como en su lanzamiento.
  • Sencillo de reglas: siendo un buen juego para introducir a nuevos jugadores a este tipo de mecánicas, mostrando una interacción constante y basándose exclusivamente en el control de áreas de una forma directa y limpia.
  • Una variante experta para redondear el producto: con solo 10 cartas encontramos nuevos modos de puntuar que saldrán de forma aleatoria, haciendo que los jugadores deban amoldarse a los mismos, ronda tras ronda, para rascar una importante cantidad de puntos.

PUNTOS NEGATIVOS

  • Mala escalabilidad: se trata de un juego que funciona, especialmente, a cuatro jugadores. Cualquier otro número está por debajo. Existe alguna variante para dos, usando menos manzanas en el mapa, pero nada es comparable a la interacción constante y la expansión amplia que vemos cuando jugamos a su número máximo de jugadores, bajando cartas desde los cuatro costados del tablero.

Este juego ha sido cedido por Mercurio Distribuciones para poder redactar la reseña así como tomar las fotos. Gracias por el detalle.

También te podría gustar...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

A %d blogueros les gusta esto: